domingo, 20 de abril de 2008

Ser...



Una tarde muy fría, al caminar por la acera mojada luego de una llovizna intensa, bajo un cielo gris, empecé a observar a la gente. Algunos iban caminando a prisa, otros iban despacio, pocos caminaban solos y muchos en compañía, cada quien con un pensamiento predominante que los hacía dirigirse hacia su destino y los solitarios derrepente caminaban simplemente para pensar.




Son indescifrables las condiciones que alberga el alma cuando uno intenta comprender aquello que nos confunde. Nos deja con aquel sentimiento mezclado entre la nostalgia y una sutil tentación de naufragar por el mar de los recuerdos. Sucumbimos entre una amalgamada sinfonía de etéreos pensamientos que pugnan por la supremacía de dominar nuestros actos. Los valores y la moralidad como práctica diaria de una vida correcta, disciplinada y perseverante ante la tentativa forma de vivir la vida sin regla más que vivir el momento con la única condición de ser uno mismo.

Nunca sabremos las jugadas del destino, por decirlo así, hasta el momento donde tenemos que enfrentar situaciones que escapan de todo lo que tanto se había planificado, he allí la gracia de salir del mundo convencional y aquellos paradigmas rutinarios que creíamos tener y nos cuesta dejar. 

Tiempo para cambiar, tiempo para evolucionar, tiempo para vivir o tan sólo quizá encontrar la esencia de nuestro existir…



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