sus fauces engulleron sin piedad
mi ardiente carne
embriagada de placer
por el contacto escabroso de su piel
Absorto al poseer mis instintos
doblegados ante su poder
flageló mi cuerpo desnudo
hasta rasgar mis arterias
para brindar con el trago amargo de mi sangre
Mas mi alma
ya en el recinto sepulcral
casi extinta e invisible
se resistiò exhalar el último aliento
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