sábado, 25 de diciembre de 2010

Adarga

Al destrozar mi única adarga 
sus fauces engulleron sin piedad
mi ardiente carne 

embriagada de placer
por el contacto escabroso de su piel


Absorto al poseer mis instintos
doblegados ante su poder
flageló mi cuerpo desnudo
hasta rasgar mis arterias
para brindar con el trago amargo de mi sangre


Mas mi alma
ya en el recinto sepulcral
casi extinta e invisible
se resistiò exhalar el último aliento



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